Archivo mensual: noviembre 2011

Liberar la capacidad lúdica a través del juego libre y la expresión del niño interior.

Liberar al  niño interior a partir de vivencias lúdicas nos ayuda a conectar  con el potencial interno  y diluir las creencias que te mantienen en un lugar conocido pero carente de vitalidad, creatividad, espontaneidad, alegría, alejado de tu pasión y poder personal.

Este paso nos posibilita recordar que la vida puede ser  creatividad, alegría, gozo y gracia si tenemos la oportunidad de Ser los que en esencia somos.

Cuántas veces te sucede a lo largo del día que esa personalidad que identificas como tu “yo” y que con tanto esfuerzo y esmero creaste, que con  tanto exceso de voluntad sostienes, te arrebata el disfrute, la alegría, la libertad, la gracia de conectar, Ser y estar.

Cuánto hace que no te animas a hacer eso que alguna vez alguien, terriblemente y dolorosamente oprimido, llamó “hacer el ridículo”.

Cuánto hace que guiad@ por tu niñ@ interior, tu alma no se une al alma de otro para disfrutar de Ser, estar y gozar  la enorme alegría de compartir el camino, la vida, con otros.

Cuánto hace que no te animas a bailar, a reír, a liberar a tu niño, la expresión más pura de tu alma.

Iniciar un camino que te permita  crear una personalidad que sea instrumento de tu esencia  y no opresora, descalificadora,  enjuiciadora,  rechazadora, menospreciadora de lo que de verdad eres,  es posible.

Siente en tu corazón si existe el deseo de regresar a casa.

Anímate a emprender el camino.

Comienza por contagiarte de estos niños hermosos y fuertes que  primero con vergüenza, luego con inocencia y finalmente con alegría y amor, le ganaron terreno y espacio al “yo” que acepta  y valora una forma que nos llena de tristeza y opresión.

Anuncios

El derecho al conocimiento universal que me ayuda a recordar quién soy.

Este derecho nos recuerda la capacidad que todos tenemos de acceder al conocimiento universal que nos ayuda a recordar quienes somos esencialmente.

Para poder descubrir nuestro ser esencial tenemos que animarnos a emprender un camino progresivo que nos permita re conectar con el Ser que habita detrás de la personalidad que creamos a partir de la  escucha al mundo externo.

La diferencia entre formar y educar radica en que, formar es dar forma y educar,  es el proceso a través del cual, conocermos y liberamos lo que ya existe en nuestro interior.

El cambio empieza por uno mismo.

Todos podemos ser  protagonistas de una verdadera revolución, la revolución del Ser.

Cuando despertamos y empezamos a recuperar la conexión con ese lugar especial dentro de uno mismo, cargado de toda la sabiduría necesaria para hacer aquello que cada uno vino a hacer, la vida adquiere un real y verdadero sentido.

Te aseguro que lo vas a disfrutar y que los temores que al principio te pueden aparecer, rápidamente se desvanecerán  por la magia de tu propia luz.

Tus dones y sabiduría esencial irán brotando, tus sueños volviendo a la vida, tus deseos motorizándote. Toda la existencia te apoyará. El universo atraerá todo lo necesario para que los puedas manifestar y descubrirás en tu caminar que tu mejor Maestro está dentro tuyo,  en tu corazón y habla el lenguaje de la intuición, el sentimiento y la emoción.

Educar con maestría es saber acompañar el proceso en el que cada persona descubre quién es en realidad. Cuando nos encontramos con nuestra esencia, la vida adquiere otro sentido, otra dimensión y el gozo por vivirla es imposible de explicar con palabras.

Esto no nos evita tener que pasar por pruebas, momentos de confusión, superar grandes obstáculos, perder las fuerzas  a veces,  solo que esto se vive como lo que son, nuevos desafíos para descubrir más de uno mismo.

Todo lo que necesitas, lo más precioso de ti,  está en tu interior.  Solo tienes que mirar hacia dentro, aprender a caminar por un bosque interior que al principio se verá cargado de malezas,  que no son otra cosa que las creencias y mandatos limitantes.

Aprender a  podar con amor valiente,  tomando la forma y  la intensidad que cada rama necesite para ser cortada y en momentos de confusión hacer todo lo posible para no perder la esperanza y la confianza en el cuidado de la vida.

Quizás por momentos no sea fácil el camino pero de algo te puedo asegurar: es más gratificante, dichoso y vital.

Te invito a ver estos dos videos.

Con todo mi amor

Carina

El derecho a Ver, el potencial de la intuición.

“¿Qué es la verdad? pregunta difícil pero he resuelto, en lo que a mí concierne,  diciendo que es lo que te dice tu voz interior”

Mahatma Gandhi

El derecho a ver nos recuerda que la existencia nos ha otorgado la capacidad innata de la intuición,  esa fuerza convertida en  voz interior  capaz de  guiarnos con certeza por el camino de la vida.

María Moliner define intuición como “acto intelictivo que proporciona el conocimiento de las cosas por su sola percepción, sin razonamientos”

Deriva del latín “intueri” que significa “ver dentro”.

Creo en la intuición y amo vivir mi vida intuitivamente. Entregarme a la guía de la intuición me genera  una sensación de paz que solo experimento cuando compruebo mi conexión con la fuente que impulsa y promueve la vida.

La intuición es más que una corazonada, es la voz y el lenguaje que tiene el ser esencial para guiarnos en la elección de aquellas experiencias que responden a nuestros  más sinceros intereses, motivaciones, anhelos, sueños y propósitos.

Entrenarla nos permite acceder a un gran conocimiento, nos liga y nos une a esa parte de nosotros mismos que tiene la perspectiva más amplia del camino.

Por estar educados para responder y decidir con una visión más lógica racional, muchas veces desoímos la voz de nuestro maestro interior, esto nos lleva a la desconexión y a desconfiar de nuestra propia sabiduría. Desconectado de nuestra brújula interior le entregamos el poder de nuestra vida  a los mandatos culturales, a las modas y a verdades ajenas a nosotros mismos.

Las formas que adoptan los avisos intuitivos son: pensamientos repentinos, imágenes y símbolos, emociones, sueños, sensaciones físicas, recuerdos.

El derecho a ver nos recuerda que somos abundancia no carencia y que hemos sido enviados a este mundo con un sistema interno de orientación que de ser usado nos llevará a experimentar la dicha de una vida en la que siempre estamos guiados, cuidados y acompañados, solo tenemos que atrevernos a soltar las creencias que nos alejan de nuestra divinidad.

Te invito a que mires este video, en el mismo se ve,  la voz descalificadora, menospreciadora, juzgadora (el ego lleno de creencias), la voz de nuestro maestro interior (el alma que habla a través de la intuición) y la presencia y experimentación del aprendiz (el niño, adolescente, adulto interior), todos representados en los diferentes personajes.

El camino que nos lleva a aprender,  reconocer, usar y decidir siguiendo nuestra intuición, resulta por momentos incierto,  pero nos recuerda lo que J Aller Boone dijo “somos participes de una vasta orquesta cósmica en la que cada instrumento vivo es esencial para la interpretación complementaria y armoniosa del todo”

Con Amor,  Carina

Los niños “Emisarios del Amor”

Dedicada a Ángel

 Era el medio día de un día especial, venía de una sesión donde quedaba más claro que nunca la potencia y el sentido que nace en mí,  cuando me conecto con el dolor de un  niño y de una mujer.

Me disponía a almorzar, buscaba un lugar tranquilo para escribir en mi diario lo intenso del trabajo que había estado haciendo,  pero no lo encontraba.

El tiempo del que disponía en ese momento se me terminaba y el lugar estaba repleto.

Como por arte de magia, una mesa se desocupó, el cielo parecía estar ofreciendo su ayuda.

La tranquilidad que buscaba cedió su paso a la necesidad de almorzar y escribir.

Pronto descubriría que mis planes se chocarían con lo que el universo me tenía preparado.

Elijo qué comer y cuando me dispongo a acomodarme, me atrapa  el llanto silencioso y eterno de un niño.

Estaba sentado en una mesa pegada a la mía,  en un segundo su llanto y el mío se hicieron uno.

Su mamá lo miraba duramente, muy duramente y le decía repetidamente:

– Estoy esperando que hables.

Le miré sus manitos delgadas, sus deditos flacos y largos que sostenían una papa frita que nunca pudo llevar a su boca.

Sus ojos miraban fija y firmemente a su mamá, sus ojos derramaban dolor y pedían a gritos compasión.

En ellos había una catarata interminable de lágrimas que no paraban de salir y salir, las lágrimas que nacían y se multiplicaban con cada palabra dura que seguía derramando su madre.

A esta altura yo lloraba como él, pero por dentro. Miré hacia el vacío y le pregunté a la vida:

– ¿Para qué me mostrás esto?

Volví a mirar a “Ángel”, así decidí llamarlo, eso era lo que yo veía en él.

Sus ojitos no dejaban de mirar los ojos de su mamá.

Me maravillaba la fortaleza de su corazón  para seguir conectado tan firmemente y constante a la fuente que le producía dolor.

Su garganta estaba oprimida…yo la sentía…la madre lo presionaba a hablar y él no podía.

Haciendo un esfuerzo enorme logró decir:

– Es que no puedo hablar.

Me alegré enormemente que pudiera expresar su verdad!!!  Me emocioné, agache la cabeza y me puse a llorar escondiendo mi rostro entre mis manos.

El seguía llorando y en ningún momento despegaba sus ojos profundos de su madre, parecía casi una estatua salvo por la expresión dolorosa de su rostro.

La madre seguía diciéndole:

– Estoy esperando que hables

Con esfuerzo logró decir:

– Hice una macana en el colegio.

Y la madre se le lanzó con una serie de preguntas que hasta yo sería incapaz de contestar. Paralizado recibía la desesperación de su madre.

Yo sentía unas ganas infinitas de abrazarlo, de decirle que era un tierno, travieso y hermoso niño…como todos los niños, pero no lo hice.

Por un minuto me sentí ese niño, incomprendido haciendo cosas que esta sociedad no aprueba y sin siquiera saber por qué no las aprueba y por qué extraña “razón” a él le sale hacerlas, padeciendo, luego de perder el control, el dolor de la ira, la furia, la frialdad, la distancia, la dureza implacable, el castigo, la desconexión emocional de la persona de la que más depende y ama, su mamá.

Por un minuto me sentí esa madre, dura, implacable, impotente, oprimida e insegura, presa de exigencias y mandatos sociales, cargada de miedo, culpándose por no ser capaz de educar a ese hijo a imagen y semejanza de lo que este sistema espera. Desconectada de su sensibilidad, instinto, ternura, compasión.

El dolor en sus dos versiones me tocaba, el endurecido y enfurecido y  el blando y fluyente. Yo podía reconocer ese dolor en mí,  eran míos también. Fui madre y niño.

No pude más, me paré y fui al auto con todas las ganas de gritar el dolor, llorar el dolor, cantar el dolor pero no pude hacerlo.

Una persona me preguntaba si desocupaba el lugar del estacionamiento, el semáforo y la retirada de mi hijo por el colegio le fueron quitando espacio a mi necesidad.

Otra vez sentí y recordé el dolor que produce el desencuentro  entre dos personas que se aman,  como sufren y pueden amarse…

Me dije:

Todos tenemos en nuestro interior ese lugar cargado de Amor, blandura, ternura, inocencia, vulnerabilidad, capacidad, necesidad de conexión, entrega y presencia.

Y todos en mayor o menor medida tenemos Muros que nos alejan de él.

Los niños están aquí para ayudarnos a derribar esos muros que nos alejan del amor que somos, de ese lugar interior que todos anhelamos encontrar y habitar.

Los niños están en ese lugar, son ese lugar pero muy pronto los vamos llevando al lugar duro en el que estamos nosotros. Los obligamos sin saber a que construyan sus propios muros.

Las lágrimas de Ángel, ese día,  lograron derribar parte de  mis muros pero no los de su mamá, no ese día en ese momento. El desencuentro permaneció intacto hasta el momento que me fui.

Rápidamente entendí lo que me quería decir la existencia:

Los niños, son emisarios del amor,  llegan para ayudarnos a romper nuestros muros.

Las mujeres (madres, amas de casa, profesionales de la educación, la salud, terapeutas, Todas) necesitamos honrar, cuidar, sanar nuestra sabiduría femenina, romper los muros que nos alejan de ella, construir autosostenes que nos permitan vivir con nuestra verdad.

Somos una pieza clave en la revolución del amor, los niños nos guían y  esperan,  el universo nos apoya.

Carina Tacconi

Para la educación del ser

El derecho a la expresión de nuestra verdad, la expresión del alma.

Si sientes duro tu cuerpo endurecida está tu verdad, si sientes tensa tu garganta silenciada está tu verdad, si sientes miedo a seguir a tu corazón muerta esta tu verdad.

Ama la verdad que fluye de tu cuerpo, de tu corazón, de tu intuición,  eso es lo que de verdad eres en cada respiración, a cada instante y en cualquier momento de este maravilloso camino.

 El derecho a la verdad  nos recuerda que la existencia nos alentará siempre a buscar nuestra verdad más profunda.

No solo, en un maravilloso intento de correr los velos que no nos permiten ver el ser divino que somos,  sino de las circunstancias que nos han impedido manifestar esa perfección.

Cuando la mente,  que se hace palabra y voz, se desconecta del cuerpo que es necesidad, deseo, pasión, potencia, energía vital  y del corazón, estamos abandonando nuestra verdad.  Esto es,  mentirnos a nosotros mismos.

Cuando la voz, la palabra que expresamos no es fiel a lo que siente nuestro  cuerpo y nuestro corazón, estamos engañando a nuestra verdad. Esto es,  engañarnos a nosotros mismos.

Cuando nuestra verdad se adapta a la verdad que quiere el afuera estamos amordazando nuestra verdad. Esto es,  oprimirnos a nosotros mismos.

Y cuando la verdad se encierra o se entierra,  esto es morir en vida.

Cuando hablo de este derecho,  no hago referencia a que la verdad sea una norma, un tratado, un concepto, una idea, una teoría, una religión, digo que la verdad en este caso es,  el Ser. La verdad de quién soy en esencia.

Muchos de nosotros, de niños, nos hemos sentido  “obligados” a responder a las verdades de los adultos, tanto en el plano emocional como social-profesional y para hacerlo tuvimos que silenciar la voz de nuestra alma.

El yo emocional y social que hemos construído a partir de la experiencia infantil se convierte en la identidad sustituta que tapa nuestra más profunda verdad. De este modo, nuestra voz,  no cuenta con un cauce fluido capaz de manifestar con pureza, la emoción, la necesidad, el deseo, las ganas, las motivaciones, los gustos, los pensamientos, los sueños, el anhelo y el propósito que nuestra alma trajo tanto a nivel de servicio como afectivo.

Y así pasamos a ser los profesionales que determina la familia o el mercado laboral y en la vida afectiva, ocupamos los lugares afectivos que supieron ocupar papá o mamá.

El camino que nos lleva a observarnos y a  tener la valentía y el coraje de reconocer cuántas veces nos mentimos a nosotros mismos para complacer a los demás, por dependencia, por miedo, por conveniencia,  es uno de los recursos que nos conduce a liberar nuestro ser esencial.

La libertad de espíritu se consigue cuando estamos dispuestos a ser fieles a la verdad que brota de nuestro interior. Cuando acomodamos nuestra verdad a circunstancias externas estamos mintiendo,  anulando, rechazando,  abandonando el ser esencial que tenemos dentro y nos convertimos en los dictadores de nuestra propia alma. En este acto se silencia la vida.

Cuando por el contrario recuperamos la dicha que la vida nos ha dado sin límites y nos entregamos a fluir con nuestro río interno,  la libertad de espíritu se hace cielo en la tierra y la alegría de Ser se convierte en  el regalo más precioso que nos damos y le damos a la existencia.

Los invito a ver esta serie de videos que hemos elegido para mostrar cómo este escrito se traduce en una historia real. Aunque está en ingles, las imagenes hablan por si solas.

Mi corazón los abraza y los acompaña en este viaje.

Carina Tacconi