Archivo mensual: diciembre 2011

A los soñadores:

Todos los hombres sueñan, pero no del mismo modo.

Los soñadores diurnos tienen la cualidad de estar despiertos, viven su sueño con los ojos abiertos, a fin de hacer todo lo posible para convertirlo en realidad.

En Febrero de este intenso 2011,  mi alma se impuso y con una voz cargada de firmeza, compasión, ternura  y claridad me dijo: “La educación del Ser”. Confieso que la humana que soy, Cari, no tenía ni idea de lo que esto significaría pero que  otra parte mía supo, sin que medie ni una cuota de razón,  que se me estaba dando el nombre de algo que mi alma había venido a hacer.  Al día siguiente me encontraba en el registro de marcas, mirando con desconcierto, al amable señor que me preguntaba  dentro de qué rubro quería registrar a la hermosa hija que tenía la tarea de parir. Esto fue el 7 de Febrero del 2011,  ese maravilloso día la educación del ser comenzaba a tener un lugar formal en esta caótica y loca sociedad y en esta bendita y maravillosa tierra.  Nació bajo la energía de acuario, una energía que es capaz de visionar, crear lo nuevo,  sin temor a romper todo aquello que necesita recrearse. Acuario tiene la tarea de recordarle a la humanidad el derecho romper y  liberarse de  las estructuras  que oprimen la expansión del alma y dar  nacimiento a las nuevas formas.

Por ese entonces, la humana que soy, se iba enterando, paso a paso, lo que mi alma quería y con ayuda de todos ustedes la educación del ser se fue manifestando  cada vez con más claridad.

Todos pusieron su presencia, su camino, sus dones, su sabiduría, su vida, sus heridas, sus miedos, su dolor, su sed de buscadores eternos al servicio de este propósito y todos tomaron de la educación del ser lo que cada uno necesitó momento a momento.

Hoy, repasando con mi corazón este camino recorrido, sentí el impulso de decirles GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS:

·         Por leernos, compartir, expresar sus opiniones, impresiones, sentimientos y aportes.

·         por dejar que su alma se libere y se encuentre con la mía en cada una de las frases y artículos.

·         por dejar que se libere el deseo y  el  impulso que nos lleva a soñar con un mundo donde sea abrazado el dolor y revalorada la pureza y la sabiduría de los niños.

·         Por participar de este viaje maravilloso que nos permite regresar el amor a casa,  ese espacio interior sublime donde se encuentra  lo más puro que tenemos, nuestro niño interior, nuestra alma, nuestro propósito personal, nuestro sentido profundo, nuestro amor incondicional a la existencia, a la vida.

 Deseo que el amor que somos, humanos divinos,  se expanda cada vez más desde nuestro espacio sagrado, nuestro cuerpo en esta bendita tierra, para que el sueño de ser cielo en la tierra se convierta en realidad.

Los abrazo profundamente con mi corazón.

Cari de y para La educación del ser.

Por un 2012 lleno de evolución

Anuncios

“Mamá nos dejaron sin recreo”

La ignorancia y la violencia que existe detrás de una práctica que quita a los niños lo que más necesitan: el descanso intelectual, para poder seguir con el trabajo que se les pide.

Resulta cada vez más frecuente en padres y docentes confundir la acción de instruir con genuina educación.

Los ámbitos y roles que persiguen fines educativos han profundizado sus técnicas y prácticas para instruir cada vez más y en disciplinas más variadas pero, aún demuestran no poseer conocimiento, actitudes y metodologías para Educar en valores humanos elevados.

Sé que esta afirmación puede incomodar a muchos que, con la mejor intención, realizan su tarea lo mejor que saben pero me permito compartir esto, no con el fin de enjuiciar, sino con la intención de reflexionar, aprender y mejorar.

Me gustaría recordar que el origen más profundo de la palabra educar es “dar a luz”. La verdadera educación se da cuando con las acciones, experiencias significativas, palabras, gestos, estímulos, presencia; logramos que el Ser reconozca, manifieste y exprese su naturaleza; que no es otra cosa que Amor en el estado más puro.

Para poder lograr esto, es necesario aprender a escuchar nuestro interior, reconocer su naturaleza, sus necesidades más profundas e incorporar formas de relación interpersonal que nos ayuden a respetarla y potenciarla.

Aprender a escuchar nuestro interior, conocer nuestra naturaleza y respetarla es lo que luego nos permitirá reconocer nuestros dones y capacidades para poder instrumentarlos y ponerlos al servicio de la comunidad a la que pertenecemos. Este proceso es la base para lograr la autosatisfacción personal y, de este modo, compartir nuestra plenitud y felicidad con el entorno.

Es una práctica muy frecuente en los ámbitos y roles que persiguen el propósito de “educar”, usar recursos que, lejos de conseguir esto, generan en los niños actitudes que luego el mismo sistema padece.

Una de esas prácticas es dejar a los niños sin descanso, sin recreo, buscando con esto que los mismos obedezcan más las consignas de: permanecer más concentrados, más atentos, más quietos, más callados, más pasivos, más receptivos y más obedientes frente a las órdenes del afuera.

Las preguntas que me hago habitualmente frente a esta realidad son: ¿Los docentes y directivos que utilizan y defienden esta modalidad, serán del todo conscientes de las conductas que están entrenado en los niños cuando los castigan? ¿Aún creerán que el castigo es un método educativo? ¿Están en condiciones de reconocer cuáles son los motivos más profundos por los cuales, a veces resulta una tarea muy difícil de cumplir para un niño lo que ellos piden y cómo lo piden?

Para niños pequeños, estar en actividad intelectual por períodos largos que, a veces alcanzan las dos o tres horas, es una meta que les exige no escuchar su naturaleza, su interior y sus necesidades más profundas.

La exigencia es tan alta y tan deshumanizada que parece que, a la hora de diseñar los sistemas, elegir la metodología y los recursos educativos, nos hemos olvidado que un niño es, antes que nada, un niño y que; en sus primeros años de vida tiene mucha más predominancia de energía impulsiva que capacidad para permanecer callado, sentado, escuchando y desarrollando su capacidad mental como podría hacerlo un adolescente.

El impulso vital y la innata curiosidad de un niño es la principal materia prima para descubrir ,apropiarse y conocer el mundo; sólo que él, puede hacerlo con mayor fluidez, placer, alegría y facilidad a partir de la exploración activa, haciendo, creando, armando, desarmando, inventando, construyendo, diseñando, cuestionando, probando, jugando, etc. Tener información o desarrollar habilidades intelectuales no es sinónimo de aprender a aprender. Esta cultura ha sobredimensionado y sobrevalorado la formación intelectual imponiendo a los niños ir en contra de su naturaleza y, a partir de esto, generamos desarmonías y maltrato.

Frente a esta realidad, los niños responden buscando recuperar la armonía perdida y lo hacen como pueden. Algunos con actitudes de rebeldía, otros cuestionado la autoridad por la falta de confianza que le genera el adulto que tiene la tarea de cuidar y guiar, otros rechazando el aprendizaje, otros con desmotivación y apatía y, cuando esto no alcanza para ser ESCUCHADOS, empiezan a presentar desequilibrios físicos y más tarde estados emocionales graves que van desde la tristeza aguda hasta el deseo de no vivir.

Cuando un sistema está diseñado faltando el respeto por la naturaleza más profunda de un niño, este sistema lastima, independientemente de la meta que persiga. Genera desarmonía porque su forma contiene implícitamente altísimos grados de VIOLENCIA ESTRUCTURAL. Me toca a diario escuchar la otra cara de la moneda, la que expresan los niños en el consultorio, voces de impotencia, cansancio, enojo y furia, ganas de no vivir, desmotivación generalizada, apatía, depresión, tristeza y cada vez, a más corta edad. Y avanzada la adolescencia buscan silenciar este dolor y este estado interior con el alcohol, las drogas, el sexo o la exigencia de ser “los mejores en aquello que elijan”.

Los niños piden a gritos que dejemos de maltratarlos exigiéndoles antes de tiempo acomodarse a un sistema de vida por demás estructurado que los obliga a incorporar recursos que sólo son funcionales a un sistema capitalista cada vez más deshumanizado que lastima a grandes y chicos y que, para sostenerlo, el Hombre está pagando costos muy altos (pérdida del disfrute por lo que se hace, pérdida de sentido, anestesia emocional, adicciones a estimulantes, antidepresivos, drogas que posibiliten conciliar el sueño, etc.).Dejar a un niño sin recreo no es otra cosa que usar un método de castigo aceptado por gran parte de la sociedad que busca silenciar su voz. Un niño que está diciendo como puede y como le sale (distracción, risas, un movimiento, o una reacción impulsiva): “Ya no puedo seguir haciendo lo que me piden” y esto debe ser escuchado, primero por las madres y luego por la sociedad. Si no nos atrevemos a escucharlos y a decodificar lo que nos están queriendo decir, no pidamos luego que ellos nos escuchen y respeten porque, sólo obtiene respeto aquel que es capaz de ganarlo genuinamente porque ha aprendido a respetar; de lo contrario, sólo obtendremos de ellos sumisión, sometimiento y cuando no aguanten más rebeldía y furia. Los castigos sirven para sostener la cultura del miedo que está muy lejos de educar para la libertad y el amor que como Hombres nos merecemos y necesitamos. Esta vez nos toca a los adultos ponernos límites y aprender a diseñar formas de vida y educación que cuiden más nuestra naturaleza amorosa, aprender a cuestionar la corriente y decir que NO a muchas de las exigencias que esta sociedad impone. Los niños con su sensibilidad pueden ayudarnos solo debemos animarnos a abrir el corazón, salir de la soberbia y dejarnos empapar de su sabiduría emocional que es mucho más que conocimiento.

Carina Tacconi

La fuerza, el valor, la importancia de la energía emocional en el proceso de evolución humana espiritual.

Muchas corrientes ponen en duda y por lo tanto descalifican,  la idea que afirma la importancia que tiene  la energía emocional  como fuerza necesaria para la evolución espiritual del hombre.  Sostenidos en esta creencia,  errónea según mi punto de vista, califican la fuerza emocional como una manifestación humana de baja vibración capaz de llevarnos a lugares y reacciones oscuras, violentas y destructivas.

Apoyados  en este razonamiento  se suele estimular y alentar la creación de  patrones de comportamientos internos que llevan,  tanto a niños como a adultos,  a vincularse  con la fuerza emocional  del siguiente modo:

-Lo primero que surge es la calificación dualista que divide a las emociones en dos bandos, las buenas o malas, las  lindas o feas, las agradables y desagradables.

-El otro comportamiento que  surge es el que nos lleva a estimular la manifestación de las emociones “buenas” y  buscar controlar, tapar, contener, reprimir, bloquear  a las consideradas “malas”.

Lo que se desconoce es que el bloqueo de la emoción nunca  es selectivo;  si interrumpimos el fluir de la energía “mala” también estamos interrumpiendo el fluir de la energía “buena”. Cuando aprendemos internamente a bloquear la emoción,  lo que estamos haciendo es bloqueando el ingreso de energía vital, nuestro caudal ilimitado de potencia y fuerza humana.

Este mecanismo produce lo que me ha nacido denominar, anestesia emocional, una manifestación interna que anula  la capacidad de emocionarnos  y de sentirnos a nosotros mismos. Esta reacción es el origen de síntomas tales como el desgano, la apatía, la depresión (falta de presión), la insatisfacción permanente, la falta de pasión, disfrute, deseo, entusiasmo, impotencia, alegría, ganas genuinas de ser, estar y vivir.

La emoción es la fuerza, el impulso, la expresión más pura de energía vital que nos ha dado la existencia  para avanzar en el camino de la vida.

La energía emocional es la nafta que como humanos divinos tenemos  para poder ir hacia donde nuestra alma  o  nuestro ego indiquen.

Si el gobierno de nuestra vida la tiene  la mente inferior, el ego la usaremos para sus planes, si estamos gobernados por nuestra alma y nuestro corazón puro la usaremos para los planes que ella nos muestre.

Si  bloqueamos esta fuerza nuestro cuerpo físico carecerá de vitalidad y tenderemos a transitar el camino de la vida desde el esfuerzo, la lucha y el exceso de fuerza de voluntad y no como  un  placentero y natural fluir.

La emoción es una manifestación maravillosa y cada uno es responsable de cómo la use y del cauce que le da pero  no es reprimiéndola, excluyéndola, controlándola, manipulándola o bloqueándola como aprenderemos a integrar y hacer evolucionar esta manifestación de nuestro ser.

El trabajo de Daniel Goleman, sobre inteligencia emocional,  ha alentando mucho el proceso de integración de la energía emocional  pero  siento y creo que tenemos la posibilidad de profundizarlo un poco más. Si nos animamos a emprender este viaje descubriremos y recordaremos  la sabiduría que guardan cada una de las emociones, además de  reconocer cuando su presencia nos llevan a expandir nuestra luz o a alimentar nuestra oscuridad.

Nada crece cuando es  encerrado, excluido, controlado, juzgado o discriminado, por el  contrario,  empeora.

La propuesta que la educación del ser hace es alentar el derecho natural a sentir  y facilitar el camino que nos lleva a descubrir la sabiduría que habita en esta manifestación  divinamente humana.

Carina Tacconi para la Educación del ser.

A desconectarse del ser esencial se aprende en casa y se continúa en la escuela.

Me encuentro con infinidad de padres que creen y sienten que  serán buenos en su rol y función si logran  que sus hijos aprendan a escuchar, mirar, conocer, tener en cuenta, adaptarse, acomodarse y tomar la forma que pide el mundo externo, sea este familiar o social. Así han sido formados y con la misma creencia forman a sus hijos.

Con esta acción los padres contribuyen enormemente en el proceso formativo a través del cual sus hijos establecen una fuerte conexión con el mundo externo y por consiguiente, con la  “verdad” que este imprime. Estimulan, aprueban, valoran y premian toda conducta o reacción que los niños  tengan toda vez que la misma se  acomode y ajuste a  la forma establecida.

Tomados por esta creencia controlan toda reacción de oposición, rechazo, desinterés, apatía, descontento, insatisfacción, inadaptabilidad que surja por parte de sus hijos frente a la forma puesta o impuesta por el modelo familiar o social.

El adulto le tiene miedo al cambio y es desde este miedo que actúa. Cuando se encuentra con un niño o joven que es capaz de manifestar su verdad o de expresar el  mal estar que le genera esta forma, aparece la tendencia  adulta  a doblegar las fuerzas  para que la verdad que se quiere manifestar y expresar,  se silencie, se tape, se reprima.

Por dependencia el niño, que es la manifestación más pura del alma en la tierra,  aprende a retraerse, reprimirse, frenar su curso natural, bloquear el proceso vital, es decir morir en su esperanza de manifestación  en la tierra.

Bloqueada la verdad esencial y con el recurso de conexión fuerte con el afuera están dadas todas las condiciones para emprender la construcción de una identidad sustituta, un yo “falso”, un yo mental sostenido en creencias antinaturales, cadenas sutiles e invisibles,  que sostendrán con esfuerzo y exceso de voluntad un “yo” desconectado de la fuente y conectado con la cultura. La libertad de espíritu que nos llevará a recordar quién somos esencialmente, qué dones traemos y a qué vinimos ya está condicionada, está presa del ego.

Esta es la principal causa de desconocimiento de uno mismo, de inseguridad, de desconfianza, de vacío, de abuso de poder, de competencia, de dolor, de adicción, de violencia, de desamor.

Avanzado el camino nos encontraremos con niños, jóvenes y adultos desconectados de su interior, presos de las creencias y tendencias familiares y culturales tan alejadas de la verdad esencial  que gobierna la vida del ser.

Cuando el alma y su representante más fiel en la tierra, el niño, es condenado al silencio, al  abandono, al rechazo, al abuso, a la discriminación, a la exclusión, al control  es condenado al desamor.

Para crear un mundo donde cada ser pueda manifestar la belleza  que en esencia Es, se hace necesario acompañar a los niños en el proceso a través del cual aprenden a percibir, sentir, observar, escuchar, comprender, entregarse es decir  conectarse, honrar y legitimar su verdad interna (necesidades, emociones, percepciones, deseos, gustos, inclinaciones, intuiciones, sentimientos,  pasiones, sueños, anhelos), expresarlos con libertad  y a buscar la mejor manera de instrumentarse para poder manifestar el amor esencial que Es en la tierra.

Podremos comprender que solo se convierte en un verdadero acto o acción educativa toda experiencia vital que contribuya a dar a luz lo que existe dentro.

El alma tiene su forma, su plan y el amor incondicional supone descubrirlo y entregarnos a que este se concrete y se manifieste en el plano terreno.

Mientras no generemos espacios que posibiliten a los niños, todos, los que habitan en cuerpos pequeños y los que están oprimidos en cuerpos grandes,  a salir de la cárcel invisible que impide  su manifestación  en la tierra, lo más puro, maravilloso que tenemos dentro, la única fuente de dicha y plenitud, no podrá expresarse. Y si esto  sucede nos estaremos perdiendo de la hermosa experiencia de Ser cielo en la tierra.

Por Carina Tacconi para la Educación del ser.